
Un cuerpo sin mente
Las aves están aisladas de los demás vertebrados desde que hace 65 millones de años una gran hecatombe acabó con todos los dinosaurios o, si se prefiere, con los dinosaurios que no eran aves. Sin embargo, nuestro aislamiento es mucho más reciente, porque todavía éramos antropomorfos hace 7 millones de años; en realidad aún no éramos nada, porque por aquel entonces no se habían producido las dos ramificaciones sucesivas que separaron las líneas de los gorilas, los chimpacés y los humanos.
Pero si el estudio de los cuerpos sin mente nos enseña cuál es nuestro lugar entre los primates, también nos muestra que somos diferentes de nuestros más próximos parientes, los chimpacés, porque nosotros somos bípedos y ellos cuadrúpedos, y todo nuestro cuerpo y nuestro esqueleto reflejan esa diferencia en la locomoción.
Hombres-mono
Entre los chimpacés y el hombre aparecen cuatro nuevas especies: Ardipithecus ramidus, Australopithecus anamensis, Australopithecus afarensis y Australopithecus africanus. Ninguna de ellas existe hoy en día, porque desaparecieron hace más de dos millones de años. Las cuatro son especies de homínidos, es decir, que pertenecen a nuestra propia línea evolutiva o estirpe, ya que son posteriores a la ramificación que separó nuestro destino evolutivo del de los chimpacés.
No cabe esperar que los chimpacés fósiles vengan a rellenar el foso que nos separa de sus descendientes vivos, por lo que no son importantes en esta discusión: nadie cree que haya habido en el pasado chimpacés más bípedos o más inteligentes que los actuales. Lo que se necesitan son formas de algún modo intermedias, "eslabones perdidos" en la retórica tradicional, o dicho aún más crudamente: "hombres-mono".
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